Mente absorbente


 La mente absorbente del niño no solamente es uno de los libros más conocidos de María Montessori, también es uno de los conceptos más generalizados de la filosofía Montessori. Desde expresiones comunes dentro del lenguaje cotidiano como “los niños son como esponjas” hasta artículos dentro de plataformas virtuales, el concepto general de mente absorbente ha trascendido la metodología Montessori y hoy en día se ha impregnado en todas las concepciones de desarrollo humano. Sin embargo, no siempre se considera a profundidad las implicaciones que tiene la mente absorbente en nuestro desenvolvimiento, la concepción de nuestro entorno y, finalmente, la construcción de nuestro ser. Ya que, todos los seres humanos hemos sido formados por una mente absorbente presente en nuestras primeras impresiones del mundo que nos rodea, se ha moldeado con nuestras primeras experiencias y, a partir de la interacción con nuestro ambiente, construye las bases para lo que seremos en un futuro. 

La mente del niño tiene una necesidad natural por explorar los estímulos que le rodean, le permiten interiorizar información valiosa de su entorno para contribuir con el progreso de su desarrollo. No obstante, la mente absorbente del niño no se limita a ser solamente un recipiente de las impresiones de su entorno, sino que como consecuencia de esta nueva información que ha sido adquirida, la mente del niño cambia en un proceso constante de formación y aprendizaje. La doctora Montessori nos menciona que, a diferencia del adulto, “es una especie de química mental que opera en él… El niño experimenta en cambio, una transformación: las impresiones no solo penetran en su mente, sino que la forman, se encarnan en él” (Montessori, 1986, p. 22). consecuencia de su interacción con el ambiente, la mente absorbente del niño resulta cambiada, esta transformación es el aprendizaje del niño. De la misma manera, la mente absorbente nos brindará una ventana por la que podremos observar las motivaciones intrínsecas del niño, en la atracción del niño por los estímulos que le rodean podremos identificar una preferencia por ciertos objetos o actividades, una manifestación del periodo sensible en el que se encuentra. 

Guiado por la necesidad de absorber los estímulos, el niño realizará un proceso para reconocer la habilidad requerida en el periodo sensitivo en el que se encuentre. El niño, por naturaleza, encontrará el camino para su aprendizaje y desarrollo. Uno puede observar con amor al niño para identificar el periodo sensible por el que está atravesando. 

La guía tendrá la certeza y confianza de brindarle las herramientas para la adquisición de habilidades para la vida, así como una nueva visión de almas que generen conciencia del otro y de lo que nos rodea. Construir raíces psíquicas y espirituales dentro de los niños para su desarrollo y aportar a la construcción de seres capaces de contribuir de manera libre dentro de una sociedad. El niño, desde el vientre, es obrero y construye la humanidad a partir de la construcción de su realidad por medio de los sentidos. Existe una asombrosa fascinación por el intercambio de información y sensaciones en el niño, Piaget (1971) menciona que hay un antojo por tocar siguiendo una intuición elemental de correspondencia. Esta maravillosa motivación interior es, también, la mente absorbente. Nuevamente, la mente absorbente nos permitirá comprender las necesidades interiores del niño y poder nutrir su ambiente con elementos que estimulen certeramente su aprendizaje. 

Los adultos y el ambiente son herramientas que acompañan el proceso evolutivo y los periodos sensibles son puentes que facilitarán el desarrollo natural y la integración del gran instrumento fisiológico, psíquico y espiritual. La voluntad de guiar al niño debe ir más allá de una construcción psíquica, ya que debe alcanzar las tres dimensiones que componen al ser humano; un cuerpo carnal como puente entre nuestra esencia espiritual anímica y el exterior, haciendo posible el cambio de información gracias a nuestros sentidos; un espíritu natural, el germen de la creación que será un esbozo sin límites permitiendo esparcir la esencia natural de cada individuo, la existencia y la vida que construye desde el nacimiento; y un alma anímica, la dimensión capaz de identificar emociones y pensamientos, la comunicación con nosotros y el universo. (Montessori, 1982). 

Finalmente, es comprensible que el concepto de mente absorbente haya sido adoptado por gran parte de la comunidad dedicada al aprendizaje, expone un elemento esencial para comprender la inmensa importancia que tiene el primer periodo del desarrollo, el periodo en el que se forma la concepción de uno mismo y comienza el desarrollo del ser humano. Sin embargo, el verdadero valor de la mente absorbente está en la misión de una nueva realidad a través de la educación, no debemos desaprovechar la oportunidad que tenemos en la naturaleza creadora del niño. María Montessori habla de una educación que comprenda las energías que pertenecen a una mente inconsciente y que debe hacerse consciente a través de la experiencia: “Esta es la nueva vía que sigue la educación: ayudar a la mente en sus diversos procesos de desarrollo, secundar sus diversas energías y reforzar sus distintas facultades” (Montessori, 1986, p. 25)

LuLi
 
REFERENCIAS

- Piaget, J. (1964). Seis estudios de psicología. Argentina. Editorial Siglo XXI Argentina.
Montessori, M. (2017). El niño: el secreto de la infancia. Países Bajos. Montessori-Pierson Publishing Company. (Trabajo original publicado en 1982).

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